primer capitulo (los quiero besitos)
Era en la tarde cuando ya iba al hotel "..." en el pequeño y amarillo taxi. El día estaba nublado, frío y gris. Una fresca corriente de aire me daba en la cara por un pequeño agujero de la ventana, haciendo que un gélido escalofrío recorriera mi espina dorsal. La radio del automóvil dejaba escapar una relajante música, lenta. Empezaba a llover de a poco, mojando todo el verde paisaje que podía ver por la sucia ventana. Cubrí una de mis manos con la otra, tratando de entrar en calor. Un caudaloso lago cruzaba los montes, que seguramente en un rato más estarían nevados. Los pequeños pájaros se escondían en los árboles, para no mojarse. También lo hacían otros animales cerca de un gran bosque.
El taxi me dejó junto a la plaza que quedaba enfrente del Hotel. Bajó mi excaso equipaje, que consistía en una maleta pequeña y un neceser con todo lo imprescindible. Por lo general, no suelo ser una chica que se echa mil quilos de maquillaje antes de salir, o se queda horas parada frente al espejo, contemplándose. No. Se muy bien lo que soy, y lo que no soy. Y estoy feliz de ser como soy.
Le sonreía al taxista, y le pague el viaje. Salió algo caro, pero los gastos los pagaba la empresa. Al mandarme en un avión urgente, desde Londres, no había tenido mucho tiempo de repasar los pros y los contras, ya que me había dormido en el avión, por lo que aquella noche, me vendría de perlas.
Entre al hall, y me dirigí a recepción, donde había un joven, al parecer, esperándome.
-La esperábamos, Srta. Hudgens. El señor Efron y sus jefes, nos avisaron de que venía a última hora, y el primero insistió en que se encontrara especialmente a gusto en su estancia en Transilvania-.
-¿Él señor Efron?-Pregunté incrédula.
-Sí. Nos ha pedido que nos comunique cualquier cosa que necesite, el lo cargará a su cuenta.-Fuí a abrir la boca, obviamente para protestar, pero me interrumpió- También dijo que no se preocupara, que el dinero no es problema para él-.
-Gracias, pero... preferiría una habitación normal. Que se ajustará al presupuesto de la empresa.
-El señor Efron ya ha pagado su habitación. Dijo que no insistiera, el tema estaba zanjado. Y también dijo, que si había algún problema, que lo llamará usted personalmente, para presentarle sus quejas, que el sabría como arreglarlo todo...-Me dirigió una mirada algo, amenazadora. Ante mi incredulidad, el joven contestó- El señor Efron puede ser muy persuasivo cuando lo desea. Y me gustaría que no ocasionara ninguna molestia en él.
Resignada, lanzó un suspiró frustrado, y asentí.
-¿Dónde está mi llave?
El chico sonrió, me extendió la llave, y me acompañó, tomando mis maletas, escaleras arriba, ya que, el hotel, se parecía más a un castillo medieval, que a ningún hotel de los que estaba acostumbrada a visitar en Londres.
Llegamos al último piso, y el botones abrió la puerta de la habitación. Tenía un estilo rústico y medieval, pero muy acogedor y hogareño. Se trataba de una suite, pequeña, con una habitación dormitorio, un baño, con los últimos accesorios en confort, y una pequeña sala de estar.
El botones, cuyo nombre aún desconocía, dejó las maletas junto a la cama, y me guió a través de la suite, dándome las referencias de está, y de las comodidades que poseía.
-Si necesita algo, solo marque el cero y el uno, y le atenderemos enseguida.
-Gracias, señor...
-Cope, Alfred Cope.
-Gracias, señor Cope.
Quedando sola en la habitación, me tiré a la cama, como solía hacer en todos los hoteles, y comprobé lo blanda que era. Mullida. Un perfecto colchón de plumas, era lo que necesitaba después de un incómodo día sentada en el asiento trasero de un coche, desde el aeropuerto más cercano, que se encontraba a varios miles de quilómetros de está región dejada de la mano de Dios.
Me giré, y descubrí un pequeño ramo, dentro de un jarrón, con lo que parecía ser, una nota de bienvenida.
Me levanté, olisqueé las flores, orquídeas color salmón, rodeadas por pequeños claveles blancos, donde reinaba una rosa roja en el centro. Precioso. Las rosas eras mis flores favoritas desde pequeña. Cogí la pequeña tarjeta que estaba sujeta al ramo, y la saqué del sobre.


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